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RINCÓN POLIGLOTA

Leer En Los Cavernicolas

domingo, 15 de marzo de 2015

Las Crónicas de Joce G Daniels G*

«Si José Benito Barros Palomino hubiese…»

Sábado 29 de junio de 1996

El maestro José Barros Palomino, Compositor
«Si José Benito Barros Palomino hubiese nacido en alguna de las añosas y legendarias ciudades del viejo continente o en un castillo medieval de esos que se encuentran habitados por vampiros y duendes y no en la anfibia ciudad de El Banco, que cuando columbra el día es común encontrar en la arena caliente y en medio del rumor de cumbia una pila de borrachos que adormilados charlan amigablemente con una familia de tortugas celosas o con algún caimán taciturno de esos que de tiempo en tiempo se escapan furtivamente de las aguas de la ciénaga de Chimichagua, seguramente su nombre no sólo estaría entre los miembros de la sociedad de autores y compositores de Colombia», sino que «también estaría encabezando la larga e interminable lista de los más notables compositores europeos y su persona estaría gozando y transmitiendo en universidades y academias sus dones y las virtudes que le prodigó el Creador al dotarlo de una facundiosa e inagotable veta poética que brota cada vez que asoman por sus ventanas las musas quiméricas del estro de su entendimiento…», me dijo Armando Villegas, un ibérico nacido en El Peñón, que ha recorrido durante más de treinta años al derecho y al revés buscando la flor de sus sueños, desde el día en que en la balsa donde viajaba escuchó la canción: «La rosa mompoxina». 
Pero no. José Barros Palomino, el maestro, el hijo de Eustacia Palomino y José Benito Barros Traviseido, no nació ni en Europa y tampoco en el aristocrático y prepotente sector de la Candelaria, en Bogotá. 
El más ecuménico compositor colombiano para honra, gloria y pres nació el 15 de marzo de 1915 en el viejo puerto, en El Banco, una ciudad sin cédulas y sin pergaminos que apenas fue refundada por José Fernando de Mier y Guerra el 2 de febrero del año 1774, entre el Caripuaña (Magdalena), «río del país amigo», y el Opompotao (Cesar), «señor de todos los ríos», buscando de esa manera cerrarle el paso al fuerte contrabando que salía de Mompox a Puerto López, en el mismo peladero en que se le apareció la Virgen de las Candelas a Domingo Ortiz, y donde se asentó durante milenios la heroica y valiente nación de los Pocabuyes que asombraron a los españoles, no por su bravura, sino por las notas melodiosas que fluían de las cornamusas y flautas, que con el correr de los años harían de aquella bella población la ciudad imperio de la cumbia. 
Nadie se explica que un hombre con tanta gloria sobre sus espaldas y que le ha prodigado al país más grandeza y satisfacciones que todos los políticos congregados en el sanedrín de la corrupción, que ha compuesto más de ochocientas canciones, grabadas unas por orquestas famosas y otras por humildes agrupaciones, cuya pluma pergeño y pergeña con la facilidad  de los monstruos de la poesía las más agradables melodías y los más hermosos versos, que se ha paseado por el tango y la ranchera, el porro y el corrido, el vals y la tambora, el paseo y el merengue, la guaracha y el pasillo, y naturalmente la cumbia y la balada, se encuentre hoy tan sólo protegido por unas cuantas medallas y otros tantos pergaminos de esos que tienen nuestros ilustres burócratas por pilas en los cajones de sus escritorios, y que de seguro con el tiempo, la polilla y el comején serán implacables con ellos. 
Pero José Benito Barros Palomino seguirá siendo el mismo hombre humilde de cachucha gris azotada por el viento que en los atardeceres se sienta en su mariapalito a contemplar en lontananza cómo se aleja la piragua de Guillermo Cubillos desde la última escalinata del más feo muelle del mundo que construyó el Mono Olaya en tiempos en que viajaba en su buque de vapor, cazando manatiés y babillas inteligentes. 
José Barros seguirá escuchando los cantos del vaquero y el pum pum de las pilanderas, mientras desde el corcovado soplan tenues rachas de viento que traen el aroma fresco de las piñas silvestres y él con el corazón abierto como el ancho piélago, sentado en su mecedora con la humildad propia de los sabios, contestará los saludos cariñosos que le prodiga la gente, su gente, como el mejor premio y reconocimiento a su obra y a su vida diluida entre líneas del pentagrama, aunque se merezca un monumento y un premio por cada uno de los versos de sus canciones, así no haya nacido en el aristocrático sector de la Candelaria en Bogotá o en algún castillo medieval de duendes y vampiros de alguna de las añosas y legendarias ciudades del viejo continente.
           San Sebastián de Calamari
*Presidente fundador de la Asociación de Escritores de la Costa. Organizador del Parlamento Nacional de Escritores de Colombia. Este texto forma parte del Libro "Mi tiempo en El Tiempo Caribe", recopilación de crónicas de cuando El Marques de la Taruya escribía una columna semanal en el gran diario colombiano.

sábado, 14 de marzo de 2015

Manuel Zapata Olivella: 
La Huella de Los Ancestros

Por Enrique Luis Muñoz Vélez*

Auténtico rastreador de caminos y andanzas musicales, Manuel Zapata Olivella escarbó infatigablemente en el acervo afro colombiano, buscando con olfato antropológico el ethos de lo que somos como pueblo y cultura. Abrió los ojos a la luz del saber para indagar sobre su pasado y la proyección de su estirpe esquilmada y negada por siglos para darle estatura a su presencia y linaje. 
Su aporte es denso y complejo por la hermosura y contundencia de su análisis y discurso, de manera preferente en el campo cultural donde la música oficia en voz alta. 
«El corazón y la sangre consumiéndose en la hoguera de la nostalgia», escribió para referirse al mundo costeño asentado en Bogotá en la década del 40 del Siglo XX, donde éramos vistos como una especie simiesca estridente y de vestir escandaloso. Cuando el porro, el fandango y la cumbia arrastraban el lastre descalificatorio de ser música de las negradas inferiores. 
Pues bien, la labor intelectual y divulgativa de Zapata Olivella le mostraba a los Andes que éramos diferentes desde la dimensión humana, con otra cosmovisión de mundo y de hacer música. 
Música caliente para que el organismo configure visualmente una estética placentera del cuerpo estremecido en la rítmica de la percusión. El disfrute gozoso de los sentidos en el despertar orgásmico de lo que el cuerpo posibilita como placer, bello y de honda hermosura en las caderas de hembras mulatas y negras que bailan la vida como respuesta a la voz del llamado ancestral. 
Insistió siempre en el componente étnico de la Nación lo que hoy, el antropólogo Mauricio Pardo, al mencionar a los afrodescendientes llama vector imprescindible en lo composicional del pueblo colombiano. 
Zapata Olivella dio a sus contribuciones antropológicas el valor del Caribe en su diversidad cultural, a través del mestizaje y dinámica social de enseñar y educar desde la diferencia étnica. Para mostrar con argumentos consistidos en la ciencia lo que somos, un vario pinto mundo donde la música permea una manera de ser en el universo costeño y en su pluralidad,  lo que hoy la física llama el multiverso. 
José Barros, Compositor de La Piragua
Con lenguaje maestro, Zapata Olivella describe el mundo costeño en la fría Bogotá de 1941 y 1942 en el trasplante festivo del 11 de noviembre y en las expresiones musicales danzarias del antiguo carnaval cartagenero, para alegrarle la vida de manera entusiasta a la colonia del Caribe colombiano. 
«Los cafés hervían de entusiasmo atestado por toda la colonia, que parecía haberse puesto cita, mientras que una corneta importada, solamente un cornetista samario, hacía retumbar los átomos con las notas calientes de porros y fandangos. En esas noches hubo de todo: hombres empiyamados, blancura y colores de arlequín, bongó, maracas, armónicas y la luz zigzagueante de un buscapiés extrañado de sí mismo, precedía a la murga desenfrenada  como un río, en el cauce silencioso de la carrera Séptima». 
Como era de esperarse—señala Zapata Olivella—el entusiasmo febriciente recibió una ducha de la sobria y nunca sonriente policía. Entonces sufrimos la trascendencia de nuestras fiestas y nuestra tierra. Era el alto precio de una sociedad incapaz de ver las diferencias étnicas y culturales, perdiéndose ella, por supuesto, de una invalorable riqueza de saberes ancestrales. 
Interesado en desmontar prejuicios étnicos culturales se dio a la tarea de hacer pedagogía con base en el folclor costeño y llevó muestras del saber ancestral musical danzario de nuestra región. Cabe destacar que, en el oficio divulgativo del saber costeño jugaron un importante papel Antolín Díaz y Gnecco Rangel para completar una trilogía de pensadores de nuestra arena del Caribe. 
Ellos sembraron el valor a la comprensión de ser vistos como los otros en la diversidad de la unidad Nacional. 
Dedicó espléndidas páginas a los orquestadores del Caribe, entre otros, a José Pianeta Pitalúa y sus logros fonográficos para la Casa RCA Víctor, a través de la Orquesta A No.1, donde quedó impresa la música del Bolívar Grande. 
Y se preguntaba, hasta cuándo iba a permanecer ignorado nuestro folclor musical que se extiende más allá del pentagrama—Señala—, esa música que es fiel espejo de nuestra alma, debe ser conocida por nuestras jóvenes y hermanas naciones. Compositores de la región Caribe como José Joaquín Marrugo Muñoz, Santos Pérez y Lucho Bermúdez (Apuntes de 1942) La referencia es a los músicos bolivarense. 
En clara referencia al porro dice: «Aún cuando los sociólogos quieran ignorarlo, el porro, como rasgo protuberante de la migración mulata hacia la capital, tiene una gran significación. 
Ha contribuido al enriquecimiento de nuestro folclor, amasándolo y dándole un contenido más unitario, nacional. También juega un gran papel en la afluencia de músicos, turistas ya en la movilización de no pocos capitales que aprovechan el esnobismo para transformar la melancolía indígena de esta señora de las brumas. 
Bogotá ha despertado al oír el tamborileo de los bongoes, el aullido de las maracas y el verso pícaro, desnudo de rubores, de la puya y el vallenato costeño. El Caribe deja escuchar sus cantares impregnado de algarabía africana en los picachos andinos». 
Zapata Olivella olisquea la necesidad de la articulación de la región Caribe en el mapa cultural de Colombia, además ya habla de vallenato para connotar la música del Magdalena Grande en la década de 1940. 
Equipado de un acopio documental como fuentes primarias y secundarias, trabajo de campo, fue reuniendo un material valioso hasta ir depurando con ojo crítico los aportes de África en suelo de Colombia. 
Lucho Bermúdez, Maestro de la Composicion
En él se dio una mirada estimativa y crítica de ver un contexto social e histórico más complejo, lo negro (la huella de la afrodescendencia convertida en resorte para estudiar de manera juiciosa, seria y reposada la influencia de aquella ancestralidad de saberes que impuso la trata esclavista en América). 
El africano fue dejando con su trabajo y la sangre de su maltrato la siembra de sus saberes múltiples de fino contenido estético. 
Apuntó de manera de lamento quejumbroso, casi un canto desgarrado de dolor profundo que en el Caribe colombiano han desaparecido el ojo de agua de tradiciones de hondo calado africano, que de haber sido estimulada hoy dieran mayor homogeneidad a este despertar de lo negro en términos de cultura. 
Menciona la pérdida de los bailes congos (parte de ellos se pueden apreciar de manera decantada en el Carnaval barranquillero) y los Cabildos de Negros y de Lengua de la Cartagena colonial que pervivieron en los albores del Siglo XX en la rancia ciudad asiento de la trata esclavista. 
Mira a los fandangos de la sabana como expresiones agónicas donde se diluye los cruces interétnicos donde lo negro fue un vivo capital cultural. 
Reconoce en el porro el matrimonio de las gaitas indígenas con los tambores africanos, trabazón sincrética de la manera cómo se fue configurando el complejo genérico del porro y la contribución de las bandas militares y las contradanzas europeas. 
Afirma el triunfo del porro en la fría Bogotá tras una larga lucha de negaciones y exclusiones y que le perdonen el sacrilegio de penetrar a una cultura fría que con la rítmica negra se va adentrando en Argentina y México, gracias a músicos como Cristóbal Barrios (El Negrito, cantante cartagenero), las barranquilleras: Carmencita Pernett, Estercita Forero, Luis Carlos Meyer, José Barros, Pacho Galán, Antonio María Peñaloza y Lucho Bermúdez. Entre el ardor africano, la gracia aborigen y los aportes de Europa, la música costeña dio la textura y el color para hablar de música colombiana en el mundo. 
El folclor costeño se sobrepone al desprecio andino, hoy puede decirse, sin equívoco alguno, que la música de Colombia trae en su barrunto lo negro e indiano del suelo caribeño. 
El aporte sustantivo en el inventario no puede dejar al margen los estudios folclóricos del antropólogo Manuel Zapata Olivella. 
Esther Forero, La Novia de Barranquilla
Y desde el Caribe colombiano se revitaliza el saber ancestral del Pacífico con propuestas musicales de extraordinaria belleza, elasticidad y plasticidad en sus bailes caliente, donde ya, unos músicos talentosos del interior del país exploran en el pasillo, bambucos y otras tonadas andinas la diversidad de la Nación, donde lo negro ha sido un vector configurante en la historia cultural de Colombia. 
La cultura del Caribe y en general la colombiana está en deuda con el antropólogo y escritor Manuel Zapata Olivella, en un país donde la flaca desmemoria es peste, volver a los trabajos de campo y escritos del ilustre pensador es de cierta manera, reconciliarnos con la vida alegre y académica, para el fortalecimiento de nuestras identidades étnicas y culturales para acercarnos de manera decidida y ejemplarizante con el mundo físico del multiverso.
Tomado de Magazin del Caribe. Año IX. No. 47. Noviembre-Diciembre de 2014. Bogotá Colombia
      
 Oportunidad Para Escritores Hispanos Desde la Argentina
II CERTAMEN DE VERANO 2015
Cuento Corto  Micro Cuento  Cuento Largo o Relato


El II Certamen de Verano es un evento realizado por La «Organización Cultural La Hora del Cuento» de Argentina en que escritores de habla hispana pueden participar y publicar sus obras ya sea en libro impreso o digital.  La convocatoria está abierta hasta el 17 de abril de 2015 y puedes participar en los géneros de Cuento Corto, Micro Cuento, Cuento Largo o Relato. 
Es una oportunidad para que los escritores se den a conocer en otras latitudes y sus obras se difundan en «un verano esperanzador». Así que la tierra de Jorge Luis Borges espera tu participación. La Literatura no tiene límites ni fronteras, ella es universal, establecer lazos de hermandad entre la gran cofradía de escritores es otro paso para lograr la reconciliación de los pueblos a través de los libros. 
               Bases                 
1. Pueden participar escritores mayores de 18 años de cualquier nacionalidad de habla hispana. 
2. La temática en todos los géneros es libre. 
3. Si participas en el Certamen de Cuento Corto se podrán enviar hasta dos (2) trabajos con una extensión mínima de una (1) carilla y máxima de dos (2) carillas en hoja A-4, a doble espacio en tipo de letra Times New Roman de tamaño 12 puntos, con márgenes superior e inferior de 2,5 cm y márgenes izquierdo y derecho de 3 cm (dichas medidas corresponden a los márgenes prefijados en Microsoft Word). 
Si participas en el Certamen de Cuento Largo o Relato se podrán enviar hasta dos (2) trabajos (dos cuentos largos ó dos relatos ó bien un cuento largo y un relato) con una extensión mínima de tres (3) carillas y máxima de ocho (8) carillas en hoja A-4, a doble espacio en tipo de letra Times New Roman de tamaño 12 puntos, con márgenes superior e inferior de 2,5 cm y márgenes izquierdo y derecho de 3 cm (dichas medidas corresponden a los márgenes prefijados en Microsoft Word).  
Si participas en el Certamen de Micro cuentos se podrán enviar hasta dos (2) micro cuentos con una extensión máxima de cincuenta (50) palabras sin incluir el título. 
4. Cada trabajo deberá ser firmado con seudónimo (en caso de enviar dos trabajos utilizar el mismo seudónimo en ambos). 
Ernesto Sábato, Escritor
5. Los trabajos enviados deberán ser inéditos y no premiados con anterioridad.                   
6. El material deberá enviarse por correo electrónico como archivo adjunto, debiendo incluir en el mismo correo un segundo archivo con los datos correspondientes a la plica siendo estos: 


*Seudónimo 
*Nombre de la/s obra 
*Nombre y apellido del escritor 
*DNI*Fecha de nacimiento
*Domicilio completo 
*Número de teléfono 
*Dirección de correo electrónico 
7. La fecha de participación vence el día 17 de Abril de 2015 y los trabajos deben enviarse a: editorial@lahoradelcuentoBM.com
8. La entrega de los premios y certificados será el día 16 de Mayo de 2015 en el marco del XI Encuentro Hispanohablante de Narrativa y Poesía «Letras de Otoño» que se realizarán en la localidad de Bialet Massé, Córdoba, Argentina (lugar y hora se indicarán posteriormente). 
9. El jurado seleccionará el 1°, 2° y 3° puesto, otorgando tantas menciones de honor como estime convenientes, no pudiendo declarar los certámenes desiertos. 
Los trabajos del 1º, 2º y 3º premio serán publicados tanto en la antología digital como en la antología en formato papel del Encuentro de Escritores previamente citado y se hará entrega de dos (2) ejemplares a cada ganador junto con el correspondiente certificado. 
Julio Cortázar, El Creador de Rayuela
El escritor que no pueda estar presente en el acto de entrega, se le hará llegar los ejemplares que le corresponden por medio de Correo Argentino previo pago del costo de envío. Los libros serán conservados en guarda durante tres (3) meses a partir de la fecha de entrega, vencido dicho plazo, si no fueran retirados serán donados a instituciones públicas.                   
10. Para participar se deberá abonar una inscripción de $ 90,00 (noventa pesos moneda argentina o su equivalente en dólares para escritores extranjeros), por cada género en el que desee participar, este valor podrá abonarse de las siguientes formas: 
* Cupón de Rapipago o Pago Fácil. 
*Depósito o transferencia en cuenta bancaria. El número de operación o el cupón de depósito escaneado debe enviarse junto con el material a concursar. 
Western Unión para escritores extranjeros. 
Solicitar cupón o datos a: lahoradelcuentoBM@lahoradelcuentoBM.com 
11. Los resultados de los Certámenes se darán a conocer el día 2 de mayo de 2015 por medio de Facebook Oficial:
          www.facebook.com/lahoradelcuentobm
        Google+ Oficial: google.com/+OrganizaciónCulturalLaHoradelCuentoBM
Website Oficial: www.lahoradelcuentobm.blogspot.com
También será enviado un correo electrónico a cada participante con el listado de los ganadores y las menciones de honor a la casilla de correo que el participante indique en su plica. 
Con la inscripción a cualquiera de los Certámenes de Verano «La Hora del Cuento» ha dispuesto que cada escritor participe gratuitamente con un trabajo dentro de una Antología Digital; la cual se registrará (ISBN) para garantizar a perpetuidad la Propiedad Intelectual y los Derechos de Autor de la obra. 
Todo escritor que haya abonado su inscripción participará de la antología digital siempre que cumpla los siguientes requisitos: 
Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura
En caso que el escritor participe enviando dos (2) obras para un certamen, sólo se publicará una (1) de las obras enviadas, no pudiendo ser sustituida por otra y quedando a criterio de la Organización Cultural «La Hora del Cuento» la elección de la misma. 
Se publicarán tantas obras como en certámenes se haya inscrito el escritor. 
Los trabajos que por no cumplir con las exigencias pautadas en las bases sean descalificados No Serán Publicados en la antología digital. 
La Antología podrá descargarse a partir del día 8 de Junio de 2015 en los siguientes formatos: AZW3, MOBI, EPUB y PDF desde nuestro website oficial: www.lahoradelcuentoBM.com   

miércoles, 11 de marzo de 2015

EL ESCÁNDALO QUE REBOSÓ LA COPA
DE UNA JUSTICIA COMPRADA Y LA SAL QUE SE CORROMPE…!SÁLVENNOS¡
Por Rafael E Yepes Blanquicett  

Los recientes acontecimientos ocurridos en la Corte Constitucional, la «Corte de Cortes», a la que «se le confía la guarda de la integridad y supremacía de la Constitución», según el artículo 241 de la Constitución Política, y de la que depende la seguridad jurídica del país, ponen de presente que en Colombia la Justicia siempre ha estado comprada y que lo sucedido ahora es apenas la «punta del iceberg» de lo que se esconde debajo del «sagrado manto» de la corrupción en las altas cortes, los tribunales y los juzgados de la nación. 
Se sabe que no todos los jueces, magistrados y abogados son corruptos, pero el alto número de casos en los que se pone en juego la credibilidad de los colombianos en la justicia de este país del «Sagrado Corazón de Jesús» y del «Divino Niño», hace dudar de que, efectivamente, los jueces, en sus providencias, solo estén sometidos al imperio de la ley, como lo establece el inciso primero del artículo 230 de la Carta Política.  
La investigación en contra del magistrado Jorge Pretelt, presidente de la Corte Constitucional, y otros involucrados en el escándalo, apenas comienza, pero como ya se tiene la experiencia del ultra famosísimo «Proceso 8000», en el que el ex presidente Ernesto Samper fue absuelto de todo cargo porque no se dio cuenta del «elefante blanco» que cruzó a sus espaldas, la mayoría de los connacionales dudamos de que el proceso que lleva a cabo la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes llegue a feliz término, es decir, que los responsables de tamaño delito sean juzgados y condenados conforme a la Constitución y la ley. 
Amanecerá y veremos, reza el dicho popular.

sábado, 7 de marzo de 2015

LOS SICARIOS CAEN COMO PIEDRAS AL ABISMO

      Poemas de 
José Ramón Mercado                   

       SICARIOS I

                                                       


Entre el follaje que deja el humo en el aire
Hay sombras de luces muertas
Sangres aplastadas por el sol

Se carcome el tiempo
El día se pudre   se muere la noche
El sonido de la vida

Todos los días
Los sicarios asumen su rol de matarifes

Siembran muerte entre acrobacias

Luego se refugian en la oscuridad
De su sangre sin memoria

A veces mueren en la praxis

Los que se salvan en la película
No mueren de miedo

Colapsa el viento comen los buitres
Los traficantes de muerte se persignan
Al epílogo nace otra sombra acribillada
Los jueces los absuelven a la luz

¿Se mancha el sol?

¿Una lluvia de sombre oscurece su alma?

Los sicarios caen como piedras al abismo 

         SICARIOS II                                     

                                                                                                             

Ráfagas de vagabundos con rol de asesinos
Nunca recuperan la luz
Visten de prisa

Cabalgan sus máquinas de alto cilindraje

La ley oxigena sus gatillos

Nunca evocan el torrente de desasosiego
Ni la tremolina de la Urbe
Ni la pesadumbre del muerto
Ni las buganvillias florecidas en verano

Han pasado dos mil diez años
En que aquel ejemplo lapidario
De las manos lavadas frente a la horda
Quedara impune

¿La ley es así?

Ahoga esta agua amarga
Un rastro de sangre surca la memoria
No hay un epíteto que cuaje un elogio
El poema sangra el espíritu
El dolor escarba la conciencia

No enseñé bien la lección a los discípulos

No seduce enterrar a los muertos
En la luz de la memoria

Los sicarios no son asesinos sonámbulos

Los sicarios en cada crimen dejan un holocausto

              SICARIOS III

                                                                                                                                                 
                                      
Los sicarios cobran caro el desangramiento

De las almas que entierran
Hay vueltas que cobran sus sicarios

Son poco longevos en el oficio
Los sicarios no tienen un rostro tierno

Ni orgasmo sosegado
Siempre huelen a sudor fosilizado

Jinetes arrojados de las tinieblas
No tienen tetas dulces de padres amorosos
Matan un hombre lo mismo que roban una gallina

El silencio se les vuelve rencor  semilla de desastre
Agua de muerte    recuerdo marchito

Escombros sin almas  estiércol de sangre
Sólo hienas carroñeras  buitres de alcantarillas
Voces gangrenadas   peor que la gonorrea
Fariseos  no matan por hambre
Eunucos de alma
Matan a alguien demasiado fácil

Difícil es soportar el peso de la conciencia

Los sicarios son el Sida del Siglo XXI

-Raza extraña
Donde el gusto por la violencia
Se vuelve una forma de vida-

             SICARIOS IV          
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              
  
-Los sicarios son una plaga peor que la gonorrea-

La infamia se les vuelve pesadilla
Los carcome un rencor invisible

La sangre manchada les corroe el sueño

El espíritu del muerto les enreda
Los hilos del sosiego

No los mata el tráfago de la noche
Ni el rocío del alba

Los hijos son el puñal a su regreso
Su amargura irreversible

No los asiste el silencio que los decapita

La sangre de los muertos rezuma sus pesadillas
Tapona sus ojos  represa sus voces

Una mugre de intestinos sus palabras
Los hijos ven los muertos en sus ojos

Los sicarios asustan por el retrovisor

De la calle abierta
El cruce de la cuadra y la comuna
Los hace impunes

Los anfiteatros acogen el desenfreno de los sicarios


    SICARIOS V


                                                                                                                                                                                                        
                      
                               
Todo termina en el percance de un sicario

El día siguiente inicia un juego sin reglas
Una investigación exhaustiva

La máquina de fuego ha roto la vida

Un hombre muerto ingresa a la historia
El paisaje construye sus babas

Crece la fiebre de mayoristas de noticias
Insumos mortuorios  miedos que decapitan

Mercadeos de lágrimas   sustancia del poema
Corrillo inferido de silencio

Abismos de sed  voces del muerto
Silencio que se desangra entre lágrimas

Se agitan las aguas del sollozo
Una ola de fuego calcina el recuerdo

Las mismas palabras disecadas ante el llanto
El cementerio deviene como el paraíso

Alguien recoge las flores en la noche
Y las vende al día siguiente

La tierra prometida  siglos de sombra

La luna se desplaza por el cielo
El sol amortigua el resto de silencio

Al día siguiente
Alguien desciende los abismos del sicario

¡Una lluvia de sombra oscurece su alma!

Los sicarios caen como piedras al abismo

JRM





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